domingo, 18 de septiembre de 2011

Rebelde con causa.





Rumbo: Sur-sureste
Velocidad: la de todos los dias.
Viento: del norte.

Pasan nubes de lluvia con un fuerte viento de componente Nordeste, lo mismo durante todo el día. A primera hora de la tarde, una lluvia fuerte y persistente. Ahora de nuevo está arreciando. Así durante todo el día.







No he oido mucho las noticias pero creo que este fin de semana estamos algo más libres de sobresaltos, pero causas para la rebeldía, se pueden aportar un cerro, no hace falta enumerarlas.
Aunque mi principal cabreo es conmigo misma por mi incapacidad para tantas cosas.



Dentro del despliegue de actividades que he prometido llevar a cabo, una vez desestimada la calceta, pienso que podría resultar más entretenido y casi igual de caro, empezar de nuevo la rutina de ir al cine, al fin y al cabo en el cine no se fuma...ni en el autobús. Puede ser una opción que además sería más completa si pudiera realizarla en compañía, ya se verá.

Debido a que por mi natural nostálgico y creo que por los años que tengo, las pelis de ahora, salvo excepciones, no son lo que más me motiva, sino que me gusta bastante más el cine clásico, siguiendo buenos consejos, acudo a la cartelera de la Filmoteca de Cataluña para empezar.


Así que obedientemente he consultado la página web de susudicha entidad y para mi sorpresa y mi gozo, me encuentro que está dedicando un ciclo a Nicholas Ray con el motivo del centenario de su nacimiento.







Entra Nicholas Ray dentro de la categoria de esos directores que se dedicaron a realizar películas pequeñas, de bajo presupuesto, la mayoria de encargo, que sin embargo resultaron muy personales y muchas maravillosas. Debemos a los chicos de la Nouvelle Vague, en concreto a Godard, el redescubrimiento del director y su elevación a la categoria de maestro de maestros.
Son varias sus grandes películas y muchos los buenos momentos en la historia del cine: Los amantes de la noche, Llamad a cualquier puerta, Rebelde sin causa, En un lugar solitario, Johnny Guitar, Chicago años 30, asi que se me ocurren.

Bisexual, adicto al alcohol y a las anfetaminas, a partir de 1976 tras acudir a Alcoholicos Anónimos entró en una etapa más saludable de su vida, con el apoyo de su cuarta mujer. Murió en 1979 de un cáncer de pulmón tras haber colaborado en Win Wenders  en la película Relámpago sobre el agua.


En 1949 se casó con la actriz Gloria Grahame, su segunda esposa con la que tuvo un hijo y de la que se divorcio cuando se la encontró en la cama con el hijo de su primer matrimonio, Anthony Ray que tenía 13 años.

 Es de imaginar el escandalazo, que años después volvio a resurgir cuando el hijo del director se convirtio en el cuarto marido de la Grahame. Al parecer este acontecido marco su vida, casi tanto como la muerte de James Dean.



En fin, que a este señor le debemos varios iconos de la cultura con la que hemos crecido, aunque no se seamos conscientes de ello.




Llamad a Cualquier Puerta.
“Live fast, die young and have a good-looking corpse”: Vivir rápido, morir joven y tener un bello cadáver.
 la decía Nick Romano (John Derek)

Gloria Grahame
Sal Mineo y James Dean
Rebelde sin Causa.

Gloria Grahame y Humprey.
En un lugar solilario.


JOHNNY GUITAR

—¿A cuántos hombres has olvidado?
—A tantos como mujeres tú recuerdas.
—¡No te vayas!
—Pero si no me he movido.
—Dime algo bonito.
—Claro. ¿Qué deseas oír?
—Miénteme. Dime que me has esperado estos cinco años. Dímelo.

 —Todos estos años te he esperado.
—Y que habrías muerto si no hubiese venido.
—Habría muerto si tú no hubieras venido.
—Y que todavía me quieres como yo te quiero a ti.
—Te quiero como tú me quieres a mi.
—Gracias.
Por suerte, este domingo, me he visto, en el cine, pantalla grande y por tres euritos una de cine negro con el sello del maestro: They Live by Night ( algo así como: Viven de noche..  va de gansteres, que no de vampiros, odio los vampiros).

Mañana lunes, vuelta a empezar, me he prometido cine al menos una vez a la semana, intentaré esta semana la de Almodovar.



 Libros que no hay que leer: Los siete ahorcados, de Andreiev. No molestarse, es triste, triste y triste.




 He intentado resistirme; lo juro, pero ha sido imposible,
 tenía que ponerla.

OCHENTA DIAS-OCHENTA DIAS-OCHENTA DIAS (CON SUS NOCHES).

viernes, 16 de septiembre de 2011

Casanova y la Calceta.

SETENTA Y SEIS DIAS, SETENTA Y CINCO NOCHES



Rumbo: Sur, siempre sur y hacia el este.
Velocidad. De crucero.
Viento: Sigue ausente.

TREMENDA, HERMOSA Y BLANCA LA LUNA DESDE MI VENTANA.

LUMINOSA ESTELA PLATEADA EN EL MAR EN CALMA.



Vamos navegando entre alguna turbulencia, con hambre de muchas cosas y cierto frío alguna noche, aunque el ambiente exterior sea ardiente.





Ya no se tose, se mantiene la ansiedad, tanto que me han prolongado la ingesta de las pastillas por una buena temporada, ya que al parecer aún estoy bastante rebelde y no lo suficientemente mentalizada.

Me abstengo del tabaco por obligación,  que no por devoción y lo sustituyo como buenamente puedo, no tan efectivamente como debería.


La doctora que me castiga tan efectivamente y que me hace soplar en un maldito artilugio cada 15 dias, me ha recomendado dedicarme al punto de cruz o a la calceta.
Temblad, porque a lo mejor más de uno/una se lleva una bufanda o un tapete de regalo... que todo es ponerse.


Y sin pecar de falsa modestia,  he tenido épocas  de auténtico virtuosismo con la aguja y los hilos de bordar ( no hay más que darse una vuelta por la casa de mi madre para comprobarlo), así que todo consiste en retomar los antiguos hábitos.


Claro que ahora lo tengo más jodido porque, para decir la verdad,  de cerca veo fatal, con lo que lo de bordar va a resultar totalmente berlangiano.




La calceta o el ganchillo es que ni me lo planteo,  me asemejan demasiado a la condición de "solterona con gato" que aunque tengo asumida,  intento disimular.



La clave es abandonar además del hábito del cigarrillo, los gestos,  al parecer en no dedicar tanto tiempo al trabajo "intelectual" y tener las manos más ocupadas.


Así que,  de momento, mientras busco un "cuadro" que empecé hace unos 15 años, con sietemil hilos, escondido en el fondo de algún cajón, porque creo que en el colmo del masoquismo redundante me lo traje en la mudanza, nos dedicaremos de nuevo al entretemimiento de ordenar cajones, actividad en la que ya soy una artista consumada, porque con los libros y los CD, aún no me he atrevido, aunque el apilamiento en los rincones está alcanzando ya cotas realmente alarmantes.

A Ricardo le daría un ataque. " hija,  que se te van a doblar los estantes",
" hija,  que se te va a caer la estantería", " hija, que en esa librería hay mucho peso", " hija, para que quieres tanto disco...",
! Pero serás cabezona! !No vés que se va a hundir!.
 Hasta que efectivamente quebró.



Asi que ahora,  presintiendo la temible fragilidad de las estanterias del Ikea de las que he llenado mi pisito de alquiler y teniendo presente siempre los consejos admonitorios de mi padre, ya no me atrevo a sobrecargar los anaqueles, con lo que me dedico a apilar en el santo suelo, eso sí sin ningún orden ni concierto con lo que todo es una tremenda amalgama, un lio monumental y no sé donde está nada ( lo que he leido, lo que no, los últimos pecados, los fundamentales, la inspiración....).



Menos mal que he puesto cierto freno a la adquisición de Cd y DVD de música, gracias siempre al bendito internets y mi limitada capacidad de fusilamiento de lo que me interesa que pulula por el ciberespacio.







He escrito mi historia, y esto nadie puede censurarlo: pero, ¿hago bien en presentarla en público?. No, sé que cometo una locura. Pero si siento la necesidad de ocupar mis ocios y reir, ¿por qué he de abstenerme de hacerlo?.

Un autor antiguo, un maestro, ha dicho: " si no has hecho cosas dignas de ser escritas. escribe al menos algo digno de ser leido". Este precepto vale oro, pero no me es aplicable porque no escribo una novela, ni la historia de un personaje ilustre. Digna o indigna, mi vida es cosa mía y esto es mi vida.





El párrafo anterior no es mío, aunque obviamente parece escrito para el caso, pertenenece al prólogo o introducción con el que en 1797 a la edad de setenta y dos años, empezaba su obra más conocida, sus memorias, el maravilloso Giacomo Casanova.



Veneciano famoso, donde los haya, por haber escrito  estas páginas, más debido a la posteridad que a sus comtemporáneos,  por la minuciosa descripción de su azarosa vida.





La Historia de Mi Vida y su difusión hicieron de él un sinónimo de seductor desprejuiciado, de conquistador irresistible y maratonista del sexo.
Fueron sin duda sus extrordinarias dotes donjuanescas las que le aseguraron la inmortalidad; pero si fué un irresistible conquistador de mujeres, por encima y más allá de epidodios amorosos fué filósofo, finaciero, diplomático, cabalista, embaucador, tramposo y por encima de todo un notable escritor.

Por lo demás, nadie mejor que él encarnó el espíritu nomada, culto y amante del placer que caracterizó a su época y que lamentablemente se ha perdido por culpa de la mentalidad puritana y pacata reinante.



Casanova fué como  Venecia , deslumbrante, falso, barroco , ensimismado,  brillante y bello.

Un poco mentira, y un mucho de ensoñación, imperio perdido y elegante decadencia.



Muerte en Venecia es una gran novela corta de Thomas Mann y una película de Visconti, que retrata como ninguna la Venecia melancólica  y crepuscular, la que más me gusta, la que siempre disfruto.
En la película, para el colmo del desparrame emocional, la banda sonora se basa en la música de Mahler, el músico del alma, del sentimiento de la Europa finisecular.




Mahler es a la música lo que Shakespeare a la literatura,  todo lo que el ser humano puede sufrir o disfrutar, todo,
 lo reflejó y lo compuso con certeza.

Siempre hay un fragmento de Mahler que te apoya y con el que te identificas en cada situacion.


Vamos con del Adagio de la quinta sinfonía, el de Muerte en Venecia, el de la ensoñación de la perdida de la esperanza y la espera del advenimiento de la muerte.




Siempre hay que ser curioso, interrogarse y observar así uno se entretiene y no se acuerda tanto del fumar.


Inútilmente interrogas.
Tus ojos miran al cielo.
Buscas detrás de las nubes,
huellas que se llevó el viento.
Buscas las manos calientes,
los rostros de los que fueron,
el círculo donde yerran
tocando sus instrumentos.
Nubes que eran ritmo, canto
sin final y sin comienzo,
campanas de espumas pálidas
volteando su secreto,
palmas de mármol, criaturas
girando al compás del
tiempo,
imitándole la vida
su perpetuo movimiento.
Inútilmente interrogas
desde tus párpados ciegos.
¿Qué haces mirando a las nubes,
José Hierro?
De “Cuanto sé de mí” 1957-1959


HASTA PRONTO